I. El Mostro del replanteo
Hay que darle de comer al mostro del replanteo,

el de las muchas preguntas cuando surgen los agujeros.
Le empieza a pica el bagre a eso de las siete de la tarde,
y a la una menos cuarto
regurgita su merienda
tardía de falsas verdades,
empachada de silencios, atorada y ninguneante.
Se devora pues entonces, siguiendo la orden del día
tu Rivotril, tu tristeza, tu lacrimal, tu empatía.
Buen provecho y a soñarla, no hay de qué preocuparse tía.
Replanteame @ésta.
II. No me asomo más
La mujer que al amor no se asoma,
no merece llamarse mujer.
Yo me asomo y me cierran la puerta,
entonces retrocedo, merezco y elijo llamarme mamá.
O Juan Carlos, que se yo.
III. Afilando días como dientes con agujas
Como el hámster perseguir una utopía que se parece a una rueda,
tan sólo para dopar al hastío, ocioso y galopante, anclador de los días.
De todos los días de esta misma vida
estas cuatro paredes
pecera virtual.
No se llega a ninguna parte comiendo semillitas
atornillado a una silla
mirando una pantalla
((ruedita de bytes))
¡Hazte fan!
IV. La Semilla
La semillita te mira con ojos de nuevo
y carga tus hombros de pájaros y besos.
Te ama hasta muy lejos, habla de tiempos infinitos y mundos paralelos,
de lunas con lluvia granizan dibujos que empapelan mi templo.
Hay días que tengo los bolsillos vacíos de fuerza y creencia,
de columnas que sostengan la cantidad de palabras,
de chamullos hermosos que tengo para contarle,
de progreso, de viajes, de fantasías varias.
Hay días en que todas las velas se me apagan
entonces ella aparece con su sonrisa estrella, rehén de mi paz.
Me ilumina sin preguntas, sin mostros, sin más.
Entonces mi niña semilla, trascendencia colorada y patas largas,
cascabel cotidiano
¡ay Giuliana!
paga la multa de mis mufas sin saberlo
y me desata de nuevo la esperanza.
Aprendan giles, así se ama.
V. Conjugada.
Yo me asomo al amor
tú te asomas al amor
nosotros nos asomamos al amor, de paso vemos si pasa alguien y charlamo´ un ratito
¿ah?
Él llega y me cierra la ventana en la nariz.
Millones de vosotros se esconden atrás de un mensajito.
Todos ellos se merecen un par de oportunidades y alguien que les cierre los dedos con una ventana,
así no pueden usarlos y volvemos a vernos las caras.
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